Seguro que si nos hacemos esta pregunta a muchos les vendrá a la memoria aquellas imágenes del Woodstock con sus grandes estrellas del rock, country e incluso indie. O pensarán en aquellas mujeres, bastantes delgadas y sexies que perdían su encanto cuando levantaban el brazo y se veía lo poblado de sus axilas.
Pero que significa ser hippie hoy… Mirando a mi alrededor y escuchando comentarios y teniendo en cuenta experiencias propias y ajenas, me pregunto si ser hippie ahora no ha derivado en ser un vago, en no tener cuidado por nada y vivir sin principios.
Aunque el párrafo anterior pueda parecer la antesala de un escrito antiprogresista, antihippie, antilibertad, obsoleto, por favor pido que dejéis los prejuicios aparcados en este mismo momento, solo por 5 minutos y reflexionéis conmigo a través de estas líneas, porque como ya sabréis los que me conocéis, siempre he estado a favor de los hippies, la libertad y el derecho a entender el mundo como cada uno quiera.
Y es por todo esto, por lo que me toca preguntarme si la calificación de hippie ha sido acogida por unos “vándalos” que lo único que buscan es una etiqueta para esconder su pobreza de espíritu, de ideales e incluso de actividad.
Dejando aparte el tema de las drogas que tanto han utilizado para degenerar el movimiento hippie, es necesario recordar que nació al amparo de una reivindicación por la paz, recordemos que estaban totalmente en contra de la guerra del Vietnam y de todas las guerras, creían en la igualdad de hombres y mujeres, en la necesidad de cambiar el mundo y las férreas normas sociales y llevar la libertad hasta donde cada uno tuviera el límite, que dependía de sus principios.
Si de principios hablamos también podemos atribuirles el respeto por la naturaleza, la igualdad de género, la no discriminación, la lucha social pacífica, el gusto por las cosas tradicionales, hechas a mano, huían de lo industrial, aunque quizás olvidaron lo industrial y sintético de algunas sustancias.
Antes de empezar a arremeter contra nada o nadie, tengo que decir que a lo largo de mi vida he encontrado hippies de verdad, gente que busca la libertad, que educa a sus hijos sin tabúes, gente muy “curranta” que está haciendo mucho por integrar a las personas en la naturaleza, por inculcarle el gusto por ella y el respeto, gente que vive así porque realmente cree que es la mejor manera de sentirse libre, sin ataduras capitalistas, sociales, convenciones, ayudando a los demás, poniendo en práctica pequeños proyectos, llenos de grandes ideas y buenos propósitos para ayudar a los que menos tienen. Sí, existen y estamos rodeados de ellos.
Pero no están identificados como hippies, los hippies ahora son los que vemos tirados en los trancos fumando porros, los que se dejan el pelo largo por no ir a cortárselo, los que se identifican con la estética y no con los fundamentos, los que no tienen ni idea de quienes eran Janis Joplin o Woodstock o de donde nació el lema “haz el amor y no la guerra”. Los que llenan los festivales con sus cuerpos pero no con sus mentes. Sí, esto es ser hippie hoy en día.
Además de su pobreza de espíritu y cultural, caen en ciertos “encantos” de las mejoras tecnológicas (ay!, cuando daño han hecho las Tics). Esas hippies que pueblan la cala de San Pedro, desnudas, exuberantes, con sus pechos operados, sus axilas sedosas por la depilación laser, sus hermosos ojos realzados por la micropigmentación.
Señores, que buscan estos usurpadores, que es lo que les atrae de ser hippie, el no tener que dar cuentas a nadie, el amor libre, las drogas y… Y nada más, porque en ellos no hay ningún pensamiento, sólo se han identificado con la tribu urbana que más le ha convenido y no se han molestado en indagar más, como no se molestan por nada en la vida.
Cuánta razón tenía Janis cuando cantó su “oh, Lord won’t you buy me a Mercedes Benz?, my friends all drive Porches, I must make amends” lo vio venir.